El pasado fin de semana fue muy especial para mí. Mi hijo y yo pusimos rumbo al norte con un objetivo muy claro: disfrutar de la observación de aves invernantes y sumar unas cuantas especies más antes de que la migración empiece a acelerarse y muchas de ellas desaparezcan de nuestras listas.
Nuestro destino final era Santoña. Pero un viaje así no se hace del tirón… y la primera parada era obligada era La nava
Cuando pensamos en invierno y en concentraciones de gansos, La Nava siempre aparece en la conversación, sobre todo cuando está bien cargada de agua. Esta vez llegamos algo tarde en la temporada, pero todavía quedaban algunos gansos resistiendo.
Había bastantes patos invernantes: silbones, algunos rabudos, cercetas… Pero de las especies que más ilusión nos hizo ver fueron la barnacla cariblanca y el escribano palustre, que siempre se hace de rogar
Además, nos impresionaron muchísimo las instalaciones: observatorios amplios, bien situados y perfectamente acondicionados. Da gusto pajarear así.
La parada se alargó mucho más de lo previsto… pero la estábamos disfrutando tanto que no había manera de marcharse.
Retomamos el viaje y llegamos bastante tarde al destino. Tan tarde que apenas dio tiempo a nada más que preparar el coche para dormir.
Era la primera vez que dormíamos dentro del coche. Toda una aventura. Incómodo por momentos, pero emocionante todo el tiempo.
Sabíamos que al día siguiente tendríamos prácticamente toda la jornada para disfrutar de las aves de Santoña....